París, la ciudad encantada

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Place Vendome
Place Vendome
Belen junto a la iglesia Notre Dame de la Asunción
Belen junto a la iglesia Notre Dame de la Asunción

“¿Por qué no aquí?¿Por qué no ahora?¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?” Así decía el pequeño Ratatouille en la película de animación de Disney hablando sobre París. Aquí puedes hacer lo que dicte el corazón. Reír, llorar, gritar, cantar en alto. Nadie se va a parar a mirarte. Todo el mundo hace lo mismo y cada uno como quiere.

París es, personalmente, una de las capitales de Europa más impresionantes que he visitado. Es como una gran mujer. Elegante y sensual a la vez. Sabe vestirse para cada ocasión mostrando su lado más íntimo sin dejar de sorprenderte. Paris, simplemente, se resume en una palabra: mágica.

Estos días de invierno me han recordado mi viaje a la capital francesa con tres amigos un diciembre de hace ya más de un año. Preparamos los cuatro días de estancia allí con mucho mimo para poder empaparnos de la fragancia parisina.

El objetivo inicial era ver a nuestro querido Athletic Club jugar el partido de Europa League contra el majestuoso PSG en el Parque de los Príncipes. Al principio, la guinda del pastel pensábamos que iba a ser el partido en sí pero cuando aterrizamos en Bilbao cuatro días después nos dimos cuenta que el fútbol solo había sido el chocolate de la tarta.

La primera vez que fui a París, hace ya once años, lo hice en el tren de alta velocidad que une Hendaia con la capital. Un trayecto de más de cinco horas espectacular. Hacer un viaje de largo recorrido en tren es algo que no podéis dejar de hacer una vez en la vida. A mí me transporta a una película. El sonido del tren, el paisaje verdoso y frondoso de los bosques del sur y centro francés, la gente leyendo un libro, paseando hasta la cafetería, ese tipo con pintas de detective, otro que parece delincuente. En fin, que esta vez, fuimos desde Iparralde pero en avión. Nada de intrigas ni películas de espías.

El vuelo que te lleva desde el modesto y coqueto aeropuerto de Biarritz (Baiona-Anglet) te deja en poco más de una hora en Charles de Gaulle. Del pueblo a una megalópolis en un abrir y cerrar de ojos.

La primera sensación fue un frío bastante seco y polar que impregnaba el ambiente navideño pero para eso, hoy en día, existen las previsiones del tiempo e íbamos equipados con ropa casi de alta montaña (es broma pero las camisetas térmicas hacen maravillas).

Nuestro primer destino era llegar al albergue juvenil que habíamos cogido a quince minutos del centro de la ciudad en metro. Para más señas se llama Le d´Artagnan. Me resultó magnífico en cuanto a calidad-precio. Nosotros, al ser cuatro, cogimos una habitación sola con un pequeño baño incluido y, así, no nos molestaba nadie.

Era jueves, y ese primer día en París era el del partido, así que teníamos una tarde para empezar a entrar en contacto con la ciudad y descargar unas cuantas emociones.

Caminando por rue de Rivoli Caminando por rue de Rivoli

Parque de los Principes.Paris.
Parque de los Principes.Paris.

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