Los medios buscan su sitio

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El papel impreso se va muriendo. Apagando. Desvaneciendo. Como una vela, se va consumiendo. El sector de los medios de comunicación atraviesa una grave crisis. La devoradora aparición de Internet, los hábitos de lectura de los nuevos jóvenes, la volatilidad de la inmediatez y un largo etcétera de males asolan a los medios.

Lo que lees en los periódicos ya no vale para nada. Es lo mismo que has leído en la red el día anterior una y mil veces en diferentes páginas web. Para leer lo mismo ya no compro el periódico. En Internet leo varios periódicos digitales con noticias actualizadas al minuto. ¿Cuál es el alcance real de Internet? ¿Monopolizará toda la información? ¿Qué profesionales se necesitan para esta nueva era que está explotando en nuestro diario de realidad?

Los centros de poder de estos medios están viendo que Google ha abierto la caja de pandora. La publicidad y los anunciantes se han trasladado a este universo virtual y son los que dan de comer a todas estas cabeceras que un día poblaban los kioskos de tu localidad.

¿Cuál es la misión de un medio de comunicación? ¿Cuál es su razón de ser? ¿Informar, desinformar, entretener, culturizar, controlar el poder, intoxicar?
Para mí, el cambio es claro. Internet debe de ser el motor en las últimas noticias del rotativo. Dejar para la parte impresa lo que llamaríamos las entrañas del oficio de investigar y escribir. Ser periodista en mayúscula. Un pequeño periódico con menos páginas que el habitual pero con reportajes de investigación veraz y contrastada, entrevistas al más alto nivel y sin pelos en la lengua, cultura e historia. El valor de este otro periódico supondría un aporte importante a la otra matriz de la empresa que sería Internet.

El periódico tiene que ser un lugar ideal para la crítica seria y la reflexión inteligente, no se pueden lanzar juicios de valor sin antes contrastar las noticias, engullidos por un ahora, una inmediatez por ser el primero a toda costa, sin hablar con los personajes para no emitir juicios precipitados que pongan todos los días portadas de periódicos centenarios rozando la ridiculez y la propaganda partidista.

Necesitamos felicidad y periodismo de calidad al servicio del ciudadano para hacerle más y mejor persona y para que vaya creciendo como persona de juicio y de valor personal, no aborregada por ese periodismo doctrinario. Todos felices menos el poder que se sienta sometido a marcaje implacable, libre e independiente.

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