Niños tecnológicamente nativos

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Me hizo pensar leyendo a uno de los mejores sociólogos contemporáneos diciendo lo siguiente: “Las comidas preparadas en el microondas han sustituido a las cenas preparadas en casa a base de recetas personales. Las familias ya no crean sus formas de distracción y ocio, sino que se limitan a gestionar el mando a distancia para sintonizar con la asamblea social de la televisión”. Hochschild.

Ahí queda eso. Y me hizo reflexionar sobre el tipo de educación y de valores familiares que me gustaría transmitir a mi hijo. No hay niño que hoy en día no tenga un aparato llamado consola, videojuego o móvil con el que compartir la mayor parte del día. Como un nuevo amigo que forma parte de su vida y de su parte de entretenimiento. Ya parecen que no quedan con sus amigos sino que lo hacen virtualmente sin moverse de casa. Ensimismados en un mundo ceñido a su propia realidad, muchos de los adolescentes pasan la parte más importante de su desarrollo como persona sin socializar, sin hablar con los padres, sin conversar de sus problemas o cenar a menudo en una mesa con la familia.

¿Capta el messenger estados de ánimo, miradas furtivas, silencios vibrantes, muecas de dolor, sonrisas pícaras? Realmente, unos padres tienen que saber jugar la baraja con inteligencia para equilibrar la balanza entre familia y medios de entretenimiento. Que lo segundo no coma a lo primero.
Lo que más me intriga es una pregunta que me hago con frecuencia: ¿Cuántas horas podríamos pasar sin móvil y ordenador, a solas con nosotros mismos? ¿Podría ser parte de un reality show con adolescentes de por medio?

No todo es culpa de las tecnologías ni de las agencia de publicidad ansiosas por captar el tiempo y la atención de los adolescentes. Ahora que estoy metido en este pequeño proyecto de comunicación y publicidad me doy cuenta de que el público o target de esa franja juvenil de edad es impresionante aunque nosotros no nos demos cuenta.
Pero, volviendo al tema que nos toca, quizás los padres deberíamos hacer autocrítica. ¿Por qué buscan en internet los alicientes de la vida? A lo mejor es que les aburren nuestras conversaciones trasnochadas o nuestras monsergas sobre la vida, les coge indefensos y faltos de hábitos deportivos. Tenemos que intentar conectar con ellos de padres a hijos.

Transmitir los valores primitivos de nuestra existencia: vivir, amar, charlar, conversar, pasear, respirar. Instintos que provienen de lo más profundo de la naturaleza. Escuchar los latidos de tu existencia que provoquen sosiego y paz interior. Nuestro cuerpo lo agradecería y se relajaría quitando de lado la incomunicación y el stress. Es entonces, cuando internet, ocuparía el lugar que le corresponde: totalmente informativo y complementario.

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