Un par de días por Balmaseda

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En la entrada del museo de la Boina encartada
Junto al río Cadagua
Interior del convento San Roque

Da gusto recorrer el nuevo corredor del Kadagua y plantarte en menos de 20 minutos en Balmaseda, en la “muga” de Euskadi. Nos quedaban menos de 15 días para aprovechar un regalo de la boda y como estaba cerca y era un lugar que tuvimos en mente para nuestro enlace, reservamos una noche en el Convento San Roque del s.XVI.

Ubicado en pleno centro histórico de Balmaseda, este convento reconvertido en hotel de dos estrellas respira un ambiente acogedor y familiar donde otrora paseaban religiosos en busca de Dios y su paz interior.
Las veinte y pico habitaciones mantienen en sus ventanas esos barrotes de antaño y un olor a madera impregna todo el edificio restaurado milimetrícamente.

Cenamos en el mismo convento ya que el pueblo daba señales de dormir bajo la luz de la luna y el menú a la carta rondó los 65€ pero con un producto bastante bueno. Tanto la merluza como el solomillo estaban de chuparse los dedos y daba la casualidad que el servicio y la música acompañaban perfectamente la sintonía nocturna.

Por la mañana un suculento desayuno en el patio central del hotel ayudó a pasar una gran mañana en el Museo de la Boina encartada que está a menos de dos kilómetros del pueblo. Siempre había querido acudir a este museo ya que durante toda mi vida he pasado junto a ese cartel que indicaba humildemente en el borde de la carretera que ahí al lado había un museo pero que yo siempre pasaba de largo camino de Espinosa de los Monteros.

La visita guiada dura casi una hora y media con una presentación en video muy emotiva sobre la historia de esa fábrica que abrió en 1892 y 100 años después cerró sus puertas para siempre. Ahora reconvertido en fábrica-museo y donde nos explicaron y enseñaron las máquinas que a lo largo de varias plantas servían para tejer boinas y, también, telas, mantas y calcetines que en un momento dado sirvieron para los “gudaris” en la Guerra Civil.
Casi todas las máquinas vinieron de Oldham, en Inglaterra, hacia 1892y muchos de los jefes de la fábrica eran ingleses para enseñar el manejo de las mismas. Otra anécdota es que en la tercera planta hay una reproducción de la casa en la que vivían los dueños de la planta que era en la misma fábrica. Los trabajadores vivían en un caserón contiguo y en otras dos casas a unos 300 metros de distancia que servía también de escuela para los hijos de los mismos.

Además, la fábrica-museo sigue trabajando en parte debido a que sirve de estación hidroeléctrica para Iberdrola generando unos 80 kw de potencia gracias a las turbinas que mantiene de su época de máximo esplendor industrial.
No os olvidéis de dar un paseo por el parque que rodea el museo plagado por una exposición de burros pintados con diferentes temáticas y que dan colorido a esa naturaleza salvaje bañada por el río Cadagua.

Los burros que pueblan el parque anexo al museo de la Boina
Una de las turbinas que producen electricidad

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