A las puertas de un nuevo choque del petróleo (blog de Juanjo Gabiña)

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Nueva Zelanda es un país que reflexiona sobre el futuro para que éste no le sorprenda y así poder prepararse a tiempo. Eso significa que Nueva Zelanda es un país inteligente que ha sabido primar los intereses del país sobre los intereses creados de los rentistas del sistema. Es un claro ejemplo de lo que deberían estar haciendo otros países para prepararse a tiempo, a fin de hacer frente al nuevo choque del petróleo que se nos avecina.

Recientemente ha elaborado un informe sobre el nuevo choque del petróleo que se avecina. El documento titulado “The Next Oil Shock” nos ofrece una visión del mercado mundial de petróleo y parte de la consideración de que el petróleo es o ha sido hasta ahora el “alma de la civilización moderna”. En particular, examina las perspectivas de abastecimiento de petróleo y su demanda en los próximos cinco años. También valora las consecuencias económicas que tendría un aumento importante de los precios del crudo.

No es que plantee algo nuevo sobre lo que repetidas veces he comentado en este blog, pero es bueno que, al menos, un informe de estas características se publique en la web del Parlamento neozelandés. Una observación muy acertada es el hecho de que las reservas del petróleo a bajo coste de extracción se están agotando rápidamente, obligando a las compañías petroleras a recurrir a fuentes de petróleo cuyo coste de extracción es mucho más caro. Esta sustitución de las fuentes de petróleo con bajos costes de extracción por otras fuentes de mayores costes es uno de los motivos principales por los que se está impulsando el precio del petróleo hacia arriba.

Si bien es cierto que, durante las próximas décadas, el mundo no se quedará sin reservas de petróleo, es igualmente cierto que no podrá continuar aumentando indefinidamente la producción de petróleo y que las reservas sigan también creciendo. Las previsiones indican que la capacidad mundial de producción de petróleo no crecerá o que se conocerá una caída en los próximos cinco años, mientras que la demanda seguirá aumentando.

Si la capacidad de producción de petróleo no aumenta tan rápido como la demanda, el colchón de amortiguación que podría representar la capacidad de producción adicional desaparece. En una ‘crisis de suministro’, el precio del petróleo llegaría a niveles muy altos. Es también evidente que estos altos precios del petróleo podrían provocar una nueva y fuerte recaída de la actual recesión mundial.

Organizaciones como la Agencia Internacional de Energía y el Pentágono de Estados Unidos han advertido sobre el hecho de que otra crisis de suministro de petróleo es muy probable que se produzca poco después de 2012, debido a la creciente demanda y a la insuficiente capacidad de producción de petróleo, a nivel mundial.

Existe el grave riesgo de que la economía mundial conozca el inicio de una serie de problemas de suministro de petróleo, provocando tensiones en los mercados, originando picos de precios y contribuyendo a la profundización de la actual recesión económica a nivel mundial que padecemos.

Con el agravamiento de la crisis económica, al principio, se reduciría un tanto la demanda de petróleo pero duraría poco tiempo. Los precios del crudo también descenderían pero, esta vez, no bajarían de los 75 dólares/barril. Gracias al tirón de los países emergentes, la recuperación de la demanda de petróleo pronto volvería a superar a la oferta.

Este sube y baja de los precios energéticos quebraría a muchos países desarrollados, ante la incapacidad de recuperarse de la crisis económica. Una situación así penalizaría a los países menos competitivos. Los países fuertemente endeudados y muy dependientes del petróleo que no se preparen a tiempo para el nuevo paradigma energético son los más firmes candidatos a la quiebra soberana.

Al igual que la inmensa mayoría de los países europeos, Nueva Zelanda es un país muy dependiente de las importaciones de petróleo y lo seguirá siendo en el futuro previsible. Si bien existe la posibilidad de aumentar sustancialmente la poca producción nacional de petróleo que tiene, ello no impediría que Nueva Zelanda sufriera las perturbaciones del precio del petróleo.

Lo haría porque igualmente tendrá que pagarlo a los precios que se cotice el petróleo a nivel mundial. Es patético observar como hay países que son muchos más dependientes del petróleo, como es el caso de España, que, a pesar de experimentar un dramática y profunda crisis económica, han frenado irresponsablemente las ayudas a las energías renovables por presiones del lobby gasista.

En Nueva Zelanda, también se es consciente de que unos altos precios del crudo de petróleo afectarán significativamente a las actividades del turismo y a las exportaciones de madera, productos lácteos y carne. En efecto, se trata de exportaciones de bienes que son muy vulnerables a unos altos precios del petróleo, debido a su total dependencia del transporte internacional. Para este tipo de exportaciones, la necesidad de contar con unos precios del transporte que sean asequibles es algo que resulta básico.

En definitiva, el desafío que representa el ahorro y la eficiencia energética y la generación eléctrica en base a las energías renovables es la única apuesta de futuro posible. Al igual que hizo Australia, y queriendo ser un país inteligente, tampoco tardará Nueva Zelanda en apostar fuertemente por el empleo masivo del coche eléctrico.

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