Lisboa connection

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Lisboa es de esas ciudades que enganchan. Mirando al atlántico pero con sabor mediterráneo. Por su clima, por sus calles, por sus gentes y por su mirada al mar la convierten en una de las mejores ciudades turísticas del mundo.

A mi me recuerda por momentos a Barcelona. Subiendo desde el Algarve en coche durante unas 3 horas te plantas por la ciudad a través del puente 25 de abril, una de las obras faraónicas lisboetas, que salva el estuario del Tajo para comunicarse con Almada, Setubal y Barreiro.

Los tres barrios a visitar en la ciudad son: Barrio Alto, Alfama y Baixa-Chiado.

Cada uno tiene su personalidad. Al Barrio Alto accedimos por el elevador de Santa Justa. Un mirador muy bonito al que accedes por un ascensor y desde el que se ve parte de la ciudad. Otro tranvía muy mítico te sube a este barrio los 400 metros de desnivel que tiene. Suelen estar muy concurridos. En el Barrio Alto hay mucha vida, a mi me encanta, bien para comer bien para salir de noche a tomar unas copas. Solíamos parar en el Portas Largas donde había conciertos en directo y unos mojitos estupendos. Tiene un estilo al Casco Viejo de Bilbo.

En el otro extremo está Alfama, más tranquilo, con más sensación de pueblo o de barrio. Aquí está el Castelo de Sao Jorge al que llegamos a través del famoso tranvía 28. Nos costó encontrar la parada lo suyo pero gracias a un entrañable señor llegamos al lugar de inicio del trayecto. Te quedas impresionado viendo el cuadro de mandos del tranvía de cómo se puede manejar de forma tan rústica ese aparato pero la verdad es que responden bien y le da un aire muy añejo.

Bajando del Castelo al centro pasas por la Catedral de la Se. Con un estilo muy Notredame parisino la iglesia contempla diariamente el tránsito de los viejos tranvías. Serpenteando entre calles y pequeñas tiendecillas de pulseras, recuerdos de Lisboa y cerámica llegas al Chiado.

Esta zona es la céntrica con calles cuadriculadas donde se concentran la mayoría de tiendas de moda a parte de la avenida de liberdade. Aquí puedes comer al aire libre y comprar droga a cualquier precio. No hace falta que lo busques, te viene sola. Es increíble. Resaltar los grandes edificios al estilo victoriano, sobríos, simétricos y muy viejos, algunos abandonados.

Es lo que llama la atención de Lisboa, junto a una calle turística o muy céntrica, una callejuela adyacente más propia de las películas sobre el Bronx neoyorquino.

Nosotros nos encontramos con un festival de jazz callejero que animaba el atardecer lisboeta junto a la estación de Rossio.

Cuando ya has visto estas zonas necesitas salir a las afueras de Lisboa para visitar el barrio de Belem donde se encuentran 3 monumentos impresionantes. La torre de Belem, la praça dos descubrimientos y el monasterio de los Jerónimos. Este último grandioso. Nosotros cogimos el tranvía 27 desde la plaza del comercio y en menos de 20 minutos te plantas allí. La vista es agradable ya que se sitúan junto al río Tajo y el paseo entre los monumentos y por el tranquilo barrio de Belem es imprescindible regado por una brisa que sofoca el calor.

Lisboa es una ciudad donde si vas repites y no solo por cercanía sino por todo lo que he contado anteriormente.

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