Sagres

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El principio de este cuento de vacaciones comienza en el extremo más occidental de la Europa continental. Más allá de los confines de la tierra…así empezaría algún libro de ciencia ficción…se encuentra un pueblecito portugués llamado Sagres. Con apenas 2000 habitantes, en la época estival puede triplicar o cuadriplicar su población gracias a los cazadores de olas y portugueses del norte y extranjeros en busca de un remanso de paz y tranquilidad.

El pueblo tiene su personalidad. Casas desperdigadas, unas estupendas y otras en ruinas cruzadas por una carretera general salpicada por arena que le confieren una personalidad especial. El supermercado Intermarché da vida al pueblo de día mientras que cuatro discotecas casi en segunda línea de playa le dan el color nocturno. En agosto se celebra un festival de rock muy popular en el país por lo que el pueblo se llena durante dos días por cientos de jóvenes ávidos de música, porros y alcohol.

Lo mejor del pueblo, a parte de su tranquilidad diaria, son sus cinco playas. Quitando la que está pegando al puerto, las otras cuatro: Mareta, Martinhal, Tonel y Beliche, dan el toque de calidad a Sagres. Cuatro playas magníficas, con una arena fina, unas aguas turquesas muy limpias, una limpieza general excelente y unos usuarios comprometidos con la tarea se coronan por otras tantas banderas azules que otorgan los organismos nacionales y europeos. Realmente las merecen.

Los mejores bares nocturnosa, personalmente, fueron Pau de Pita con música ochentera, Mitic con unos buenos cócteles y Dromedario con unos barmans que te hacen shows continuos con las botellas. Aquí se concentra toda la marcha del pueblo a parte de una discoteca que está al lado del supermercado pero que es para los más necesitados de fiesta.

Una fiesta al aire libre, con buen ambiente, música y temperatura veraniega.
En el tema gastronómico no puedes dejar de comer una buena ración de percebes(pescados en el mismo pueblo por unos 30€ el kilo según sitio), una caldereta de arroz o cualquiera de la variedad de pescados que ofrecen. Para acompañar, o bien la mítica cerveza Sagres o un buen vino blanco de Porto.

Así es Sagres, mucha realidad y poca ficción. He pasado una semana excelente en este pueblo, descansando de los avatares de la vida y nadando mucho(las playas invitan ya que no hay casi olas).

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