Esto es el Maresme

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Como me gusta aterrizar por Premià para visitar a mi colega Jordi y contarnos nuestra vida, echar unas risas y conocer sitios nuevos. Esta vez me llevé a un colega para que supiera lo que se cuece por el Maresme y tengo que decir que la experiencia le encantó.

El viernes, después del viaje en avión a la nueva T-1 de Barcelona, hicimos un par de trasbordos en tren hasta llegar allí. Nos esperaba Jordi con su novia Alice para cenar con otra pareja en la grandiosa terraza de su casa a la luz de la luna. Fue tan rica la cena como la conversación que nos dieron casi las 3 de la mañana.

El sábado nos esperaba una incursión matutina en la zona gótica de Barna y en la Barceloneta. Se disputaban los europeos de atletismo y se notaba tráfico denso. Lo mejor es aparcar en un parking y andar.

Hicimos una especia de comida-picoteo en el Vaso de Oro. El solomillo con foie estaba de muerte. Eso sí, los pimientos a Mister le sentaron a puro fuego de lo que picaban.
Un paseo por el puero con café incluido en un barco amarrado y encontronazo con gente de nuestra tierra. Concretamente de Igorre.

A la tarde fuimos a la playa de Premià donde los amigos de Jordi ponen un chiringuito en verano que da bastante vida a la zona. Un chapuzón fue lo primero que hice nada más dejar la toalla.Ni crema ni leches, a tomar el sol de las 18h de la tarde.

A la noche vino la mejor comida del fin de semana. Fuimos al Porta Nuova en Premià. Es de la madre de Alice y es auténtico italiano. Delicatessen auténtica. No se pueden describir las sensaciones de comer pizza, lasagna, calzone y tiramisú de la mano artesana italiana.Mención especial al Lambrusco balnco con toque afrutado a manzana.

El resturante bien decorado con una foto grandísima antigua de Bergamo y con posibilidad de comer dentro y fuera.

Una vez saciados recogimos a Lluis, dos amigas alemanas y otros dos colegas de Jordi que estaban en el chiringuito y nos fuimos a Mataro.

Allí terminamos, en el Clap, dando lo mejor de nosotros mismos en la pista, sobre todo Misterio, hasta altas horas de la madrugada.

El domingo señalaba que volvíamos a casa pero también había que exprimirlo y nada más levantarnos, sobre las 12h, fuimos a la playa que está a 50 metros y nos dimos un chapuzón que nos quitó los dolores musculares y de cabeza. Qué bien sienta el agua del mar.

A las 14h estábamos invitados a los 100 años de La Masía Ytchart, propiedad de la familia de un amigo Jordi, Edu.
Comimos unas 100 personas entre familia y amigos en dos mesas muy grandes. Un piscolabis de inicio para abrir el apetito. Me encontré con Guardi, Joan y cia que no les había visto el resto del fin de semana. Luego la paella con conejo y un tarta con el diseño en grande de 100 años puso el colofón a un gran viaje a Catalunya.

Ojalá haya otros 100 años para volver por allí una vez y otra también.Como nos cuidan allí, chapeau amics!!

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