Ir de Bancos

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Es como ir de compras. Algo realmente abominable, en el caso de comprar, aderezado por la compañía de una mujer que a cada paso parará en un escaparate. Hoy he tenido que ir al banco a hacer unas gestiones y es mortal para mi paciencia. No sé si tengo la ley de Murphy encima cuando se trata de estos asuntos pero siempre que voy feliz pensando que va a ser un suspiro me encuentro que se convierte en un infierno. Nada más ver esa cola que llega a la puerta de gente esperando con mala cara a que le atiendan ávidos de echar “culebras” por la boca me entran dolores de estómago. Da igual que sean las 9 de la mañana que las 14h de la tarde. Siempre hay gente. Siempre hay que esperar.

Generalmente no vas al banco a que te regalen algo porque en estos sitios o tienes que pagar algo o tienes que sacar algo de la libreta. Nunca te regalan nada ni te dan buenas noticias.

Y me pregunto yo, y les preguntaría a los que están en la cola: “¿qué os trae por aquí a estas horas?” Porque sales a la calle y está repleto de ciudadanos paseando y disfrutando de la mañana, que luego eso sí, nos quejaremos de que no hay un duro, de que vaya vida o vete tú a saber. La queja siempre ha ido inherente al ser humano.

Pero en este embrollo también colabora el personal del banco. Miras a las ventanillas, que hoy en día ya no existen pero me gusta el nombre, y para diez personas esperando solo hay dos personas atendiendo cuando hay cuatro ventanillas y en las otras dos ves el cartel de “cerrado-itxita”. Asombroso, les ves paseando por detrás o que se han ido a tomar un café o están leyendo la prensa diaria, que en si mismo, es un arte. Leer y estar informado de lo que pasa el mundo diariamente es algo sumamente complejo…pero tú te comes tu media hora en la cola mirando la nuca del personaje que tienes delante.

En fin, que no soy de los que aguantan colas, masificaciones y esperas en consultas. Por eso, Internet ha ayudado mucho en estos temas y el 90% de las operaciones las tramito por la red. Pero ese pequeño porcentaje se traduce en aguantar colas y esperas absurdas para evitar comisiones o “chorrear al director”.

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